Thursday, March 02, 2006

Daniel... y punto.

Habla Renata.
- No hay nada. Es enserio. Creo que se escapó la esencia por un agujero. Se acabo lo que seduce al hombre mismo como hombre pensante e intelectual. Historias sobre mi amigo bofeteado por su amada, y las anécdotas sin fin de mi historia querida correteada por lo real. Ya no se que escribir.
- ¿Dónde esta Dana?- pregunta Phoenix.
- Se olvidó- respondo con desanime.
- Ven Dana. Te invito una taza de café- me dice el sujeto barbudo.
- No quiero café. No contigo. Hay una platica que cuelga del tiempo. Una charla pendiente que tengo. Y la espero. La e esperado por seis años. Y lo seguiré haciendo. ¡Hey!... invítame una taza de café.

Tuesday, February 07, 2006

Algun dìa... sorberè cafè

-¿Por qué yo?
-Por que así está escrito.
-Pero... ¿por qué a mí?
-Lo sabes
Mi faz se descompuso. Conocía el por que. Era tan obvio. Pero no aceptaba tal verdad. Me volví hacia Wanda tratando de provocarle algún sentimiento con el propósito de que me diera una oportunidad.
-¿Son tan felices ustedes en verme sufrir? ¿Ese es su gran misión? – le pregunté
- Dana – dijo acariciándome la mejilla con sus casi intangibles manos – sabes que no. Desde un principio se te inculcaron las reglas de un Aether. Creciste con tal cuidado y privilegiada de tus dones...
-¡Al demonio los dones! ¿No ves que estoy sufriendo?
Me solté en lagrimas. Ella esperó sin dejar de mirarme. Cuando recuperé la postura me acarició un cabello y me susurró.
-No me gusta verte sufrir. Ese no es nuestro propósito. Soy un dogma, y al igual que tu, crecí con instrucciones y cuidados. Con reglas de nacimiento por mi destino y no puedo cambiarlos y... aunque quizás no lo creas, yo también me enamoré
Levanté la mirada. ¿Era posible que un dogma, el cual no tiene otro propósito que controlar a los humanos y aethers, y a fastidiarme la vida a mí pensar, se pueda enamorar? No podía creerlo.
-¿De quien? – pregunté sorprendida
- Eso no importa ahora. Quedó en el pasado. Pero te comprendo, y te ayudaré a salir de ello. No te dejaré sola.
-Por ahora... me siento sola.
-Perdóname por hacerlo. No me odies.
-No te odio Wanda. Ese es tu trabajo. Ahora vete por un tiempo, no voy a salir.
Sin otro remedio se desvaneció en el aire. Me levanté de la cama donde estaba y asomé a la ventana. Mis alas al sentir el exterior se estremecieron al pensar que saldría, pero me obligué a quedarme ahí. Pensaba solo en él. Pensaba en tratar de comprender por que no puedo estar con un humano. ¿Por qué estaba prohibido que el amor de dos seres se concibiera y creciera?. Jamás lo comprenderé, al menos, no esta noche.

Esta es la forma de tratar de explicarme a mi misma el por que. Quizás la verdad y la realidad sean más crueles y despiadadas conmigo. Pero al pensar en hacer historias para disfrazar las penas, me resulta menos doloroso aceptarlo. Siempre e tratado de esquivar la realidad. Odio el sufrir y las palabras tan frías que se emplean. Pero no toda la vida voy a poder huir. Ayer, miércoles diciembre 7 del 2005, constaté que la atroz realidad me persigue y que no me dejará hasta atraparme completamente. Y solo fue una pequeña probada de lo que me espera.
Pero regreso a mi punto. Tantas letras, tantos pensares, tantas tintas en que te dediqué y no tuviste la cordura, ni la dedicación en escribirme. En “tintas de un café negro” te lo tracé. Te advertí lo que era, y como soy. Desde un principio lo sabias, y aun así prometiste amarme. ¿Qué me encuentro ahora? La realidad en boca de una amiga. Ella lo contó todo. Sin disfrazar el dolor me lanzó cuchillos embarrados de verdad. Me topé frente a frente con mi enemigo. “Lo real”. Ella me pidió poner los pies en la tierra. Lo mismo que “Yo lo sé. Tú lo sabes”, lo repitió. Una vez mas me cortaron las alas. Una vez mas tendré que cerrar un maldito libro y enterrarlo en mi memoria. ¿Por qué no resulta? ¿Acaso soy tan pésima? ¿Es mi destino enamorarme de lo “equivocado”?
Al terminar de recibir aquella cruel realidad, me busque a mi misma una explicación menos dolorosa. <> pensé tan estúpidamente. Desesperadamente tomé el teléfono y marque con memoria tu numero portátil. Sonó hasta que la línea me botó. Volví a marcar. Lo apagaste. Sabias lo que ocurría, y no querías decírmelo. ¿Por qué me mentiste? ¿Por qué me decías que me amabas cuando no era cierto? Marqué a tu casa. Sonó hasta el cansancio. Volvía a marcar cada vez que terminaba de sonar. Jamás contestaste. Me darás la espalda, y me dejaras así. ¿Eso valgo? ¿No soy tan importante como para merecer una simple explicación? Algo que me tranquilice. ¿Así me dejaras? Sin verme, sin hablarme, ni una simple llamada, ni un maldito mensaje. La ultima vez que estuvimos juntos me sentí bien, como para enterarme de esto. Dos meses los cuales solo uno, me sentí amada y feliz. Pensaba en que al fin había llegado mi momento. Así me hiciste sentir, entonces pienso ahora, que todo era falso. Mentías tan cruelmente que una sinceridad pedida por mí, la disfrazabas de falsedad. ¿Qué hago ahora? Ir con tus amigos y decírselo a ellos para que te lo hagan saber. O ya te adelantaste a tal idea, y tengo que esperar a que uno de ellos me dé noticias tuyas. Ahora no espero nada de tu parte, si alguna vez lo esperé, era porque lo necesitaba.
Pero ahora no lo espero, y prometo aquí, en este frío y escupido post, no volver jamás a escribirle a alguien. Jamás me escribieron a los que yo escribí, y si así será siempre, entonces no lo volveré hacer. Al menos no, hasta lograr convencerme de salir de este traje frío con el que me he vestido. Arropada con crueldad, y maquillada con simpleza.
Adiós Eduardo, perderás a una escribana, a alguien que a pesar de los obstáculos te defendía. Perderás a un sentir tan real e irreal, a la imaginación y el amor difuminado en el aire. Yo, pensando en la realidad, no pierdo nada, al menos no algo que me quede. Jamás hubo escritos de tu parte, que yo pueda perder.
Adiós café, liquido que me hacías estremecerme cada vez que te consumía. Eres una trampa mortal. Provocaste las letras mejor delineadas, pero no me ayudaste a dedicarlas a la persona correcta. Extrañaré tomarte y saborearte, y quizás algún día, volveré a consumirte. Por ahora, terminaré yo misma de cortar mis alas, y ser un humano. Caminando sin sentir sobre las calles como los demás. Un simple humano, sin escribir ni imaginar. Tocando y pisando la realidad, la cual parece jamás me dejará.

Adiós. Algún día, sorberé café.

Wednesday, November 30, 2005

Tintas de un café negro

Café esquina Independencia. Veracruz puerto.

Tengo el mismo escenario otra vez. Acabo de sentarme, no hay otro testigo mas que una servilleta y yo. La atmósfera sigue húmeda, aun puedo sentir las gotas olvidadas de una lluvia deleznable y fugaz. Vuelvo a palpar el respaldo de mi asiento, aun tiene lo que rayé. Martha, la sonriente joven, se percata de mi presencia. Se dirige a mi sitio con tremenda sonrisa dibujada en su rostro.
-¡Dana! – dijo –¡Llegas tarde!.
-Lo sé – dije con indiferencia.
-Pensé que no te vería hoy.
-La lluvia me retrasó – dije sin mirarla.
-¿La lluvia? – cuestionó con extrañes.
-Sí – dije tajantemente.
-Pero… a ti te gusta la lluvia y… - tartamudeó.
-¿Tienes el café? – interrumpí.
Hizo una mueca de descontento y se dirigió al recipiente caliente. A toda prisa, como si se tratara de aflorar mi enojo, me sirvió la taza acostumbrada y se fue a servir a las mesas de junto.
Observo mi taza con impaciencia, el café tiene el color mas oscuro hoy, al menos antes de verterle la crema. Por extraño que parezca no lo preparo, y a pesar de mi necesidad me quedo ahí, viéndolo humear, algo ocurre conmigo hoy. Se muy bien lo que es, pero, no quiero recordarlo. El café esta oscuro, sea casualidad o no, pero hoy se muestra similar a mi estado de animo. Levanto la mirada, alguien me observa con preocupación, es Martha. No hago caso y vuelvo a mi punto de mirar un café negro.
De momento y al instante la gente a mi alrededor se sobresaltan y se levantan de sus lugares, como si se oyera un clarín de guerra. Las que sirven levantan los platos llenos de suculenta comida e invitan a sus clientes a pasar dentro donde seguro estarán a salvo de ser acuchillados por gotas puntiagudas de un torrente lluvioso. A toda prisa Martha se acerca a mi rescate.
-¡Dana, vamos entra! – gritó
-¿Por qué? – pregunté con extrañes
-La lluvia esta algo fuerte. – me explicó – Te mojarás.
-Lo sé – dije sonriendo – Ya lo necesitaba.
-Pero…
-Así es mejor. ¿no crees?.
Contestó con una sonrisa y pasó dentro.
Me quedé sola, en mi silla de siempre. Tras el cristal que divide el restaurante, las personas, adultas la mayoría, me observan con curiosidad. Tengo mi taza con líquido negro frente a mí y una lluvia vengativa golpeándome la espalda. Estaría de mas explicar que al dogma encargado del cielo, no le agradó que un aether le huyera a la lluvia de modo tan humano. Por lo tanto, mandó un ventarrón par asentir culpa.
Con este nuevo escenario, decido sorber café negro y amargo, café en su máxima consistencia. Y así con este sabor en la lengua opto por escribir en la servilleta mojada el sentimiento encontrado por aquel que me tiene así.
Ese sentir me invadió hace un mes exactamente. Ocurrió en la entrada de mi torre, al pie de todos los escalones que dirigen a mi ventana. Era el final de un sábado. Nos encontrábamos frente a frente. Yo tenia el horario encima, sabia que mi progenitor no le agradaría la hora de mi llegada. Tenia que ser una despedida apresurada, el lo sabía, pero dentro de nuestras miradas había asomos de complicidad. Ambos lo sabíamos pero no nos atrevíamos a decirlo.
-¿Nos vemos mañana? – preguntó mientras me abrazaba.
-Por supuesto – conteste besándole la mejilla.
El me besó la mejilla también y por alguna circunstancia o por obvio que parezca, lo volví a besar. Él respondió de la misma forma. El silencio atrapó nuestras mentes, no había espacio para pensar, mas que en nosotros y esas cosquillas dentro del estomago. Las risas encontradas nos hacían sus presas y nosotros nos doblegábamos a las circunstancia, y de pronto, mis labios se toparon con los suyos. Cerré los ojos y las risas mentales cesaron. Solo éramos él y yo. Sentí como mis alas se sacudían bajo mi ropa y como nos hacían levantar unos centímetros del suelo. Aquel ruidillo que hacían las plumas al rozarse me hacía olvidar el juramento que le hice a Wanda de no enamorarme otra vez. Siquiera recordaba el lugar donde me encontraba. Tan solo sentir la esencia misma de sus labios rozando los míos. De pronto, él se detuvo, bajamos a suelo firme y me miró fijamente.
-Nos quedamos en continuará – dijo riendo.
-Nos vemos mañana. Frente al mar – agregué.
Me tomó la mano y deslizó sus labios en ella suavemente. Yo quedé sonriendo, sin moverme, aun sintiendo el último beso en mí. Y así me mantuve hasta que su silueta giró la calle.

Sí, recuerdo claro tengo en mi mente de aquel sábado y puedo hacer toda una descripción de los días que le siguieron. Todos con gran cavidad amorosa, frases saboreadas por los oídos. Situaciones verdaderamente jocosas y graciosas. Momentos llenos de ansiedad antes de verle y cólera cuando no le veía. Hubo días que no podía despegarme siquiera de su piel. Y otros mas intensos, donde el sentido del placer mismo nos convertía en humanos débiles uno al otro apasionadamente. Los átomos en nuestro espacio se hacían cada vez menos, los dos consumíamos nuestro aire y nos mirábamos agitadamente. Pero, también hay días extraños, aquellos que no terminan de amanecer. Días en que algo le aqueja y no encuentro las palabras para consolarle. Días en que el esmero por sentir susurros al oído desaparece por no escucharlo. Días en que de nada sirvió haberse tintado los labios ni sombrearse la mirada, porque no habría elogios para ello. Quizás, son días en que no hay emotividad, en que no hubo buena cosecha de café o la historia de un bolígrafo roto de algún escribano tintando fracaso. Sea cual sea el motivo original para un trunco amanecer, esos días en realidad me aquejan, taladrando mis sentimientos y llamando las lagrimas. Días que terminan con las paredes negras y mejillas húmedas. Es un cólera por no saciarme de ti. Obsesión y adicción recae en tu imagen y provoca en mí pensamientos y obras dramáticas e irreales. Lo que temí sentir, esta ocurriendo. Es inevitable. Me has domesticado, por lo tanto tendrás que perdonar cuando mi impaciencia toque la puerta de tu tranquilidad. Domesticada estoy y así me siento. Anhelo tu presencia, respiro tu cercanía y lloro tu partida.
Hoy, treinta días con sus noches, después de aquel sábado, delineados en estas hojas, con una cuidadosa tinta y tacto tomados de mi sentir y pensamiento. Es la etapa de un miedo e inseguridad; temor por abrir la puerta y encontrar a la soledad queriendo atraparme. Cuando respiro tu cercanía me siento placida y pacifica, pero la tranquilidad se desvanece cuando noto tu ausencia. Y hoy, treinta amaneceres después, pienso y no pienso en todo; me falta seguridad. Tristemente me golpea la verdad, la advertencia de no ilusionarme otra vez. Por no volver a cerrar otro capitulo, ni otro libro. Estas páginas son nuevas, sedientas de beber tinta y saborear letras pensadas en ti. Me impulsa el amor, y él es quien me hace escribir. Mis dedos no paran y son dictados por mi corazón. Y aunque sé que dolerá cuando decidas terminar, hoy y en este momento quiero escribir en ti. Sin embargo la duda persiste y me abraza. La inquietud que me perfora cuando divago en tu ausencia, me hace pensar que quizás e llegado a tus paginas en un mal momento. No tenias hojas disponibles, o la vida humana no te permite darme el lienzo donde yo deslice mi pincel. Si es así; si mi bolígrafo persiste tanto en rayar donde no hay hoja, mándame una señal primaria, una bofetada para despertar de un sueño irreal, quizás. Hazlo saber antes de que utilice una pluma de mis alas, porque cuando esto ocurra, difícil será dejar de escribir.
Lo que temí sentir, está ocurriendo, me estoy enamorando y temo que duela como antes, pero, en esta ocasión no esperaré algo a cambio, solo lo dejaré sentir; si yo esperara algo, el tormento pasado regresará y volveré a recaer en la melancolía de la cual salí, mejor amaré, previéndome que quizás no dure y que mi obsesión termine siendo un fastidio para ti; siempre ha ocurrido así. Confió en ti, confío en tus palabras. Soy exigente y no me doy cuenta cuando lo digo con mis labios torpes. Nunca e sido buena para hablar; nací para escribir y solo eso, y en estas tintas hijas de este café negro, trato de advertirte que te has topado con una mujer etérea y difícil, loca, contradictoria y sensible. Tu lo sabias y aun así decidiste escribir en mí, ahora te ruego que utilices una tinta especial, sacada de lo mas profundo de tu alma y la traces con inmensa exquisitez; yo, no dudo en que sí lo harás. Son días difíciles y raros, pero causan que te ame aun más.

La lluvia ha cesado. Las campanas de la catedral repican tras de mi. He terminado mi café; se acabó lo amargo. Martha se apresura a regresar a la gente. La miró tratando de anunciarle que necesito más café. Ella se vuelve a mí y lo nota. Me hace una seña regresando con el recipiente, y, mientras sirve me sonríe.
- Y este café... ¿a quien le escribe hoy? – pregunta
Sin dudarlo, con la nueva taza de café y con toda seguridad le contesto.
- A Eduardo, por supuesto.

Monday, November 07, 2005

Hey tu. ¿ es a mi?

Pero... esta palabra es odiada y venerada. Consagrada por bolígrafos que anhelan una posibilidad. Repugnada por las tintas dolidas y tristes, que la utilizan para aflorar una venganza escrita. A pesar de la función de esta palabra, yo, la necesité para interrogar. Causa insólita y estática provocaron escritos rápidos. La desesperación por canalizar tu catarsis emotiva me obligó a atarme una soga y despedirme de este mundo, literalmente. Busque de infinitas formas buscar el mensaje subliminal de tus sentencias. Pero tus palabras tajantes me arrojaban la verdad. Busqué un bat para golpear tus escritos, me coloqué un casco emotivo para bloquear su paso. Jamás lo logré, la interrogativa estaba perforándome. Al final deje acuchillarme por tus gotas vengativas. El aguacero de la lectura era sensitivamente doloroso. Es entonces cuando necesito la palabra, aquella cual arrojé al principio de este escrito. “Pero”. Cuatro caracteres ¿lo notas?, con tan solo cuatro trazos de tinta exijo la explicación. Mi mente oscila en todas las respuestas, indago tu estado de ánimo, quizás fue la causa. Yo por mi parte atravieso el país de la felicidad, y esta gozosa plenitud anhelo compartirla con seres cercanos a mí. Pero tu escrito tomo tomó mi ambiente por las mangas y lo giró bruscamente. Ahora arrojo las interrogativas. Mi plenitud se ve truncada. ¿La causa? Las palabras que me solicitaban desaparecer. No lo puedo hacer. En mi línea de vida existe un punto de sonrisas. Tú lo tintaste. Y ahora me pides que tome el borrador y lo desaparezca. Deseas que tome mi libro y desprenda las hojas en las cuales rayé lo maravilloso de haberte conocido; la venerada calle en la cual giré para entrar al museo en el cual arrojabas tus frases. En esa noche lluviosa la cual rasgaste tus cuerdas maltrechas de una guitarra con pasada historia. Las invocaste y yo las escuché. Esa noche bajo la lluvia, te conocí. ¿Deseas que elimine ese recuerdo? Puedo sentir como se desprende una pluma de mis alas. No están rotas, pero están caídas. Te das cuenta de mi tristeza y te encaramas la culpa. Me pides perdón. Pides que olvide aquel filo de venganza escrita. No puedes hacerlo, Nadie sabe dijo alguna vez, "Lo escrito, escrito está. No puedes cambiar lo que escribiste alguna vez, por mucho que estés tentado a hacerlo"
-Escucha tú. Poeta musical. No tengo nada que perdonarte.
Soy tan solo un repique en tus emociones, y si deseas que desaparezca solo deja que suceda, pero, a mi no me lo pidas. Jamás lo haré.

Sorbo café... la interrogativa se desvanece. Encontré mi respuesta. Encontré mi tranquilidad momentánea. Yo no desapareceré. Eres mi gran amigo, hasta que muera. Y aun así mis escritos serán eternos, correteados por los tuyos. Letras eternas. Tu solo sabes si los lees.

Monday, October 03, 2005

Asco

Asco. Palabra la cual no describe objeto alguno que exista en mi vida. Una palabra que solo es utilizada por carencia dialéctica. Sin embargo puede utilizarse cuando alguien creyó saber todo de mi, articulando y afirmando mi personalidad apoyándose con haberme visto en varios años. Que tristeza, que pena que no conozcas a alguien a quien amas, o que afirmes y grites con seguridad algo que carece de verdad. No me conoces, y eso me duele. Pero te duele mas a ti quizás, que yo, un aether, utilice la palabra vacía para describir los recuerdos de tus palabras que no me dejaron encontrar el sueño por las noches; y sé que tú tampoco dormiste bien. Somos iguales en cuanto a paralelas, pero en dirección contraria. No mereces estructuras de mis notas. Tampoco mereces sorbidas de un café. Así fríamente y de tajo te dejo esto. El vomito de un escrito.

Tuesday, September 27, 2005

Yo lo sé. Tú lo sabes.

Sorbo café, doy un giro en mi taza y juego con mi dedo índice sobre el borde. No quiero dejar de mirar el contenido. Tiene buen sabor hoy. Pienso en el trabajo y dedicación con que lo prepararon. Pienso en... escucho el murmullo de un comentario sin terminar. No quiero mirar. No quiero empezar lo que sé que dirá. Con su dedo índice golpea suavemente su taza roja, e inmediatamente comenta con desaire.
-Le falta azúcar.
No hago caso y vuelvo a sorber. Pasaron tres horas exactamente para que recibiera la llamada telefónica del colegio. El sabe lo que ocurre. Sin embargo nada de lo que diga cambiara mi enfoque escénico. Consiente estoy de la realidad y responsabilidad que tengo como ser perteneciente a este sistema organizado. A este mundo humano. ¿Evado las responsabilidades? No. Solo resuelvo mis contratiempos a mi manera. Como aether que soy, que me costó trabajo entender, capto el punto de otra posición. Caigo con saber que él mismo me mostró el camino. ¿Porque quiere entonces que actúe como humano? No lo comprendo.
-Creo que tienes edad suficiente para actuar correctamente – dijo en tono claro y directo, mirando un barco por encima de la ventana – Creo también, que te di unas bases firmes para que no tropieces en tu camino. ¿Porque me hablaron del colegio?
- Supongo que al profesor no le pareció que haya debatido con él frente a su clase – conteste recordando lo ocurrido esa mañana.
El poseer una especialidad sobre el nivel humano a veces no es reconocido. Los humanos nos clasifican como cursis o locos. A pesar de ello, los aethers hemos aprendido a vivir en paz. Incluso hay aethers que solo se dedican a serlo en todo su esplendor, sin estorbar la vida humana. Yo admiro a esos individuos. Y ellos en contadas ocasiones reciben un reconocimiento por parte de los humanos. Pienso en ellos. Y deseo ser uno así. Arrojo toda mi atención hacia esa meta y me estampo con el cristal paterno diciéndome “tu responsabilidad primordial con el sistema es lo primero que tienes que resolver”, e inmediatamente como si se tratase de algo malicioso, bloquea todo recurso o asunto relacionado a mi proyecto. No es la primera vez. Es la regla universal regida por la Asamblea. Es la condición para poder volar sin problemas sobre el cielo de los dogmas. Al principio, cuando recibí mis alas, todo era poesía y musicalidad, hasta que llegaron los tiempos de recibir los vademécum. Mi antecesor me mostró lo esencial y lo sensitivo del mundo. Ahora parece como si quisiera borrarme todo de la mente y hablarme de objetos y temas sin esencia.
- Deja de volar y flotar. Pon los pies en la tierra. Toca la realidad. Y actúa con sentido común y lógica – dijo sin mirarme.
¿Que ponga los pies en la tierra? Cuando lo primero que trato de evitar es hacerlo. El cielo es el verdadero camino. En la tierra no lo hay. ¿Lógica? Sí. La lógica es algo que se usa por inercia propia. Después de charlar con la Sra. Sussy todo es mas claro. Pero ¿porque se esmera con que actúe como humano?
- Caminante no hay camino. – agregó interrumpiendo mi pensamiento.
Si lo sé. Cada quien dibuja su línea en el mapa dogmal. ¿Porque me dice eso? Gasta su tiempo hablándome sobre los verdaderos intereses sociales. Cuando a mi esos temas no me importan demasiado. Tengo mis proyectos. Mis propios intereses. Mis esencias y mis coros sonoros. Son sensaciones adversativas a sus fines noéticos. Es algo que él no comprende o no quiere hacerlo. Después me dicta unas conclusiones sobre mis actos. Describe mis acciones ante su apreciación. Y encuentra, como si fuera un juego, el punto negro de una hoja en blanco. Me da tristeza. Siento incomodidad al escuchar tales afirmaciones. Palabras acomodadas de tal forma que me taladren la mente. Y que toquen la puerta de mi subconsciente una y otra vez. ¿Acaso no me ha observado lo suficiente como para saber la verdad de mí ser? ¿Por que me describe como algo que no soy? Al escuchar comentarios diferentes a mi sentir, se me estruja el estomago. Golpeo con firmeza la uña contra la mesa. El sabe que me he molestado. Lo sabe. Pero no dará explicación alguna. Mucho menos una disculpa.
- Un fracaso puedo llamarlo. No estas a la altura ni al nivel. No eres objetiva. Solo alardeas de forma conjugada esencias las cuales no hay en la realidad y, que al ver tus acciones, carecen de verdad. Tú, simplemente no puedes. – concluyo de forma fría.
¿No estoy a la altura ni al nivel? Acaso no me ha visto. ¿Que es lo que quiere ver entonces? ¿Objetiva? Claro que lo soy. Soy objetiva ante mis fines íntimos y sensitivos. Enfoco intereses y planos escénicos de acciones placenteras que, si no fuera por él, las hubiera logrado ya.
- Tengo proyectos – solté con coraje.
Dejo salir una sonrisa pintada con burla e ironía.
- ¿Que proyectos? Dirás cosas interesantes que acaparan tu atención y te sacan de lo importante. De lo real.
¡Amen por esas cosas interesantes que me sacan de esta realidad! Yo los lograré. Estoy comprometida con mi placer. Tengo una deuda con mis sensaciones y mis instintos. Cuando me levante de esta mesa, terminaré mi lectura. Comprenderé todo el tema sofista y estaré un pie delante de mi profesor. Regresaré a casa terminando el debate escolar y prepararé el día siguiente. Rayaré en mi libro el sentimiento de un látigo cognoscitivo aether golpeando a un humano, expresando un lenguaje estructurado y veraz con una estructura real y firme. Y cuando lo logre, se lo haré saber a mi padre. Pero no se lo diré directamente. No. Se lo dejaré ir entre pequeñas frases agrupadas, con toda clase y exquisito orgullo de una triunfadora. Se comerá sus palabras una por una. Sabrá que se equivocó. Se percatará de como describió erróneamente a su propia hija.
Al concluir con lo que haré, sonrío, de manera discreta para no delatar alguna emoción reveladora ante mi interlocutor. Levanto la mirada. Deseo verlo a los ojos y hacerlo disfrutar sus últimos momentos de dictador incansable. De líder. Observo sus anteojos y no logro ver detrás de ellos por mi reflejo. Bajo un poco la mirada y capto sus labios inclinándose de manera ascendente. Una sonrisa triunfadora. Me quedo estática. No debo revelar emoción alguna. ¿Que demonios? ¿Por que sonríe? Pienso y doy vueltas en el asunto. Dejo de mover las piernas rítmicamente al sonido de una canción. Suelto la taza. Un silencio que devora el escenario, donde solo habitamos nosotros y su sonrisa. Si lo hubiera intentando pudiera escuchar el sonido de un alfiler al caer. Pero su sonrisa lo dijo todo. Lo logró. No dejaba de sonreírme. Lo disfrutaba tanto. Una vez más ganó la batalla. Perdí una conversación subliminal. Al decir que no estaba a la altura ni al nivel, lanzó el mensaje oculto cargado con la ensartada frase “A que no puedes hacerlo”. Triunfantemente dio resultado. Caí con el veinte. Busque desesperadamente una salida. Un escape inteligente que justificara mi fracaso. Indague mi don sofista. Pero, ¿un sofista puede con un Sócrates? Si me salía por la tangente de la astucia, afirmaría más aun mi fracaso como inteligencia, la cual estaba aniquilada. ¿Que esperaba él? Seguro una comprensión de mi parte. Un argumento de humildes. Observe su mirada la cual revelaba su deseo de verme poner mi orgullo dentro de la lengua y pasarlo con una toma de café, como si fuese pastilla. Que me tragara el orgullo y admitiera mi error. Que le dijera lo mucho que tiene razón, y como yo cometo trastadas una y otra vez. No podía permitirle. Aun detestaba que no comprendiera mi gusto y mi proyecto de poesía y musicalidad.
Yo lo sé. Se lo que piensa en este momento. Es lo que desea. Y él lo sabe. De él lo aprendí. Lo piensa y sabe que yo también lo sé. Ambos sabemos que no lo diremos jamás. No es propio de un etéreo.
Ambos nos miramos. Su sonrisa descendió. Sabe que yo lo sé. Sorbemos café al mismo tiempo. Nos volvemos a mirar. El ruido recupera su terreno nuevamente. Y yo le dejo ir un comentario final, para matar la derrota con un disfraz de contradicción y orgullo. Para morir con dignidad.
- El entendimiento no es el camino de nuestras paralelas.
Sorbo café y me retiro con un triunfo pendiente. Me volverá a citar nuevamente. Como no queriendo hacerlo, lo miro y noto su coraje. Yo dije la última palabra. Y él, no pudo responderla.
Yo lo sé. Tú lo sabes. Pero jamás lo diremos.

Wednesday, September 14, 2005

Sin embargo el café, no se derrite

Si, lo se. Me lo advirtieron. Sin embargo ahora no tengo el poder, o mejor dicho la actitud para hablar con los supremos. Quizás si hubieras estado mas interesado en rayarme hace tiempo, ahora mis páginas tendrían capítulos. Tendrían letras. Tendrían historia. Lo único que pudiste hacer es disfrazarte de Heraclito o de algún presocrático y apantallarme con falsedades. No hay efecto en mis emociones. Soy, por el momento mas Renata que Dana. Se cayó el sueño, se rompieron las alas y se acabaron mis páginas. Solo encontraras un libro viejo, arrugado, de recuerdos compactados, titulado "El placer de un chocolate" pero no escribiré mas en el. No por ti. Dirás quizás:
- Quería, pero las circunstancias. Entiende Reny.
Dime que quieres que entienda. ¿Circunstancias? ¿Sabes acaso de las circunstancias? Yo hice preguntas, ¿te acuerdas? Buscaste y me diste respuestas universales para el principio de una historia. Me diste los personajes, me diste los elementos y me diste, que me pareció increíble, el objetivo. ¿Qué pasó después?:
-Si yo quisiera no me iría tan lejos. Ahora la situación se complica y nuestra circunstancia se pierde. Quiero, pero no se puede.
¡Ah! Si. Perdón. Ya lo recuerdo. Te desviaste por una tangente accidental. Te escudaste detrás de una obligación social humana. Un deber a la nación.
¿Y yo? ¿Qué ocurrió conmigo? Una espera. Una incalculable espera. Mientras tanto se sembró en mí el pique perfecto para impulsar una emoción de esencia. Creaste sin saberlo una chispa radiante de placer vital. Gracias. No por el apoyo, no por tu carisma, ni tus alas falsas, si no por sentarme la moneda de un verdadero aether. Por sacarme del empaque de chocolates derretidos, por cortarme las alas y presentarme con los dogmas. Por darme la definición exacta de quien soy y la explicación de una obsesión. Y sí, tienes razón, no hubiera resultado, cada persona capta la realidad que lo rodea a través de sus propias estructuras noéticas, y las tuyas tienen gran diferencia y contradicción con las mías. Esto es un hecho innegable. Sin embargo, algo no ha cambiado. Algo perdura, algo se estanca, y que con cada ocasión que puedes, tratas de recordarlo. No hay vuelta atrás. No soy un juego de mesa. No soy una maquina fotográfica que necesite unas monedas cada vez que quieras retratarte. Tampoco soy una cafetera instantánea. Lo creíste, pero te equivocaste.
Mi libro ahora muestra un final trunco. No puedo desprender las páginas. Pero no agregare más. Deje una hoja en blanco al final, pero no rayaste nada. Ahora el desenlace lo pongo yo. Así acaba. Creí que terminaría algo mas sensitivo, mas profundo, algo mas lleno de vitalidad y emoción, pues para la historia que tuvimos, creo que lo merecía; pero no diste tinta, no me diste un sound track. Diste esperanzas, diste un bote pero sin remos; yo los tuve que buscar, los hice ¿puedes creer? Pero, ¿lo valoraste? ¿Acaso guardas un popote en forma de flor aun? ¿Conservas un boleto de cine de una aburrida película? Mi respuesta tajante es un no definitivo.
El libro sigue aquí, no hay páginas. Me encuentro detrás de las letras. Me seguirás buscando. Es inevitable. Pero conversaras con una Renata objetiva, con el ser humano responsable y con los pies en la tierra. No tendrás más a Dana, al aether con alas, a la soñadora y contradictoria.
No hay páginas. ¿Un adiós? Bueno, quizás te quieres despedir de una Heráclita. Dana ahora se monta con exquisitez y profesionalismo, dentro de una elegante armadura, con finísimo pulimento y expresando con un lenguaje especialmente inventado para profundizar en nuevos escritores, en seres no aether, pero que sus lentes visualizan lo que tu no viste. Humanos que no tienen alas de nacimiento, pero enfocan los colores detrás mis letras. Rayan en mí. En mi libro.
El aroma de café no se extingue, falta cosechar más.
Recuerdo el chocolate, sin embargo el café, no se derrite.